🇧🇷 BRASIL–ITALIA: EL AZTECA DECIDE QUIÉN SE QUEDA CON LA COPA PARA SIEMPRE
Pelé frente al rigor italiano, Jairzinho contra la muralla de Facchetti y una Copa Jules Rimet que ya no volverá a ponerse en juego: Brasil e Italia buscan su tercera estrella en una final que puede definir una era.
El Estadio Azteca se prepara este domingo 21 de junio para una final que trasciende ampliamente el Mundial de México 1970. Brasil e Italia se enfrentarán por la Copa del Mundo con dos títulos cada una, lo que significa que el vencedor no solamente saldrá de Ciudad de México convertido en tricampeón, sino que adquirirá el derecho de conservar definitivamente la Copa Jules Rimet. Nunca un último partido había tenido una consecuencia histórica semejante.
Brasil conquistó los Mundiales de 1958 y 1962. Italia había dominado anteriormente las ediciones de 1934 y 1938. Dos escuelas, dos continentes y cuatro coronas anteriores desembocan ahora en un Azteca que reunirá a más de cien mil espectadores bajo el exigente sol del mediodía mexicano.
La Seleção llega después de haber ganado sus cinco encuentros, marcar 15 goles y eliminar a Perú y Uruguay ofreciendo algunos de los momentos más brillantes del campeonato. Italia representa un camino completamente distinto. La Azzurra necesitó solamente un gol para superar la primera fase, pero ha explotado desde que comenzaron las eliminatorias: cuatro tantos a México y otros cuatro frente a Alemania Federal en una semifinal que ya se conoce como uno de los grandes partidos de la historia.
Brasil posee a Pelé, Jairzinho, Tostão, Rivellino y Gérson. Italia responde con Gigi Riva, Sandro Mazzola, Gianni Rivera, Roberto Boninsegna, Giacinto Facchetti y una de las estructuras defensivas más disciplinadas del fútbol europeo.
El talento ofensivo más exuberante del torneo frente al arte italiano de cerrar espacios.
Y detrás de todo, una Copa que solamente uno de los dos podrá llevarse para siempre.
📰 CONTEXTO ACTUAL | Brasil ha ganado todo; Italia ha sobrevivido a todo
Brasil comenzó el campeonato remontando a Checoslovaquia para imponerse 4-1, con Rivellino abriendo el marcador brasileño, Pelé encontrando portería y Jairzinho firmando dos tantos. El segundo partido ofreció un examen mucho más severo frente a Inglaterra, vigente campeona mundial, pero la Seleção también encontró la respuesta: Jairzinho consiguió el único gol y Brasil ganó 1-0.
Rumanía fue el último rival de la fase de grupos y tampoco pudo detener el ataque brasileño. Pelé marcó dos veces, Jairzinho volvió a encontrar portería y Brasil se impuso 3-2 para terminar con tres victorias en tres partidos.
Perú esperaba en cuartos. La selección dirigida por Didí practicaba también un fútbol técnico y ofensivo, pero Brasil terminó imponiendo su arsenal por 4-2, con Rivellino, Jairzinho y Tostão, este último por partida doble, como goleadores.
Después llegó Uruguay, el rival que inevitablemente evocaba el recuerdo del Maracanazo de 1950. La Celeste incluso se adelantó, pero Brasil respondió antes del descanso mediante Clodoaldo y terminó remontando durante la segunda parte con Jairzinho y Rivellino.
3-1. Otra victoria. Otra demostración ofensiva. Otra final para Brasil.
Mario Zagallo ha conseguido reunir una cantidad extraordinaria de talento sin que el equipo termine ahogándose entre futbolistas acostumbrados a ejercer funciones protagonistas. Pelé, Tostão, Rivellino, Gérson y Jairzinho pueden recibir por dentro, pero sus movimientos han terminado construyendo una estructura mucho más equilibrada de lo que podía imaginarse antes del campeonato.
Italia llega desde un lugar completamente diferente.
La primera fase fue casi un ejercicio de supervivencia ofensiva. La Azzurra derrotó 1-0 a Suecia con gol de Angelo Domenghini y posteriormente empató 0-0 tanto frente a Uruguay como contra Israel. Tres partidos, un solo gol marcado y ninguno recibido.
La clasificación llegó como primera de grupo, pero las dudas eran enormes.
Todo cambió contra México.
El anfitrión se adelantó, pero Italia reaccionó y terminó goleando 4-1, con dos tantos de Riva y otro de Gianni Rivera después de que un autogol mexicano hubiera iniciado la remontada.
Y entonces llegó Alemania Federal.
Lo sucedido en la semifinal difícilmente puede explicarse desde un marcador convencional. Boninsegna adelantó a Italia en el minuto 8 y el 1-0 sobrevivió hasta el descuento, cuando Karl-Heinz Schnellinger consiguió el empate. La prórroga se convirtió después en un delirio: Müller colocó el 1-2, Burgnich empató, Riva hizo el 3-2, Müller volvió a igualar y Gianni Rivera consiguió finalmente el 4-3.
Cinco goles en treinta minutos adicionales.
Ciento veinte minutos de tensión.
Y apenas unos días para recuperar piernas antes de enfrentarse al equipo que más obliga a correr de todo el Mundial.
♟️ EL DUELO TÁCTICO | Italia necesita reducir el campo donde Brasil puede inventar
Ferruccio Valcareggi afronta un problema que ninguno de los rivales brasileños ha conseguido resolver hasta ahora: ¿cómo defender a un equipo que acumula tantos futbolistas capaces de decidir sin balón y con él?
Marcar únicamente a Pelé no es suficiente.
Si el número 10 baja unos metros, puede liberar el espacio para Tostão. Si la defensa se concentra demasiado por dentro, Jairzinho aparece desde la derecha y Rivellino puede hacerlo desde el sector contrario. Si Italia consigue cerrar a todos ellos, todavía queda Gérson organizando desde posiciones retrasadas y Carlos Alberto avanzando desde el lateral.
Brasil no juega con posiciones completamente rígidas. Tostão puede abandonar el área, Pelé aparece entre líneas, Jairzinho rompe desde fuera hacia dentro y Rivellino posee libertad para recibir lejos del costado. Esa movilidad obliga al defensor a tomar decisiones continuamente.
Italia intentará responder desde las referencias individuales y la protección colectiva.
Tarcisio Burgnich puede tener una responsabilidad directa sobre Pelé, aunque perseguir al brasileño demasiado lejos del área puede convertirse precisamente en la trampa que busca Zagallo. Roberto Rosato, Pierluigi Cera y Giacinto Facchetti deberán coordinar cada movimiento para que los desplazamientos brasileños no abran espacios interiores.
El gran objetivo italiano será conseguir que Brasil reciba de espaldas.
Cuando Pelé, Tostão o Jairzinho puedan girarse, la defensa tendrá problemas.
Cuando reciban rodeados y lejos del área, la Azzurra podrá convertir el partido en una batalla mucho más física y lenta.
Brasil, por su parte, sabe que Italia puede hacer daño cuando recupera.
Riva posee potencia para atacar directamente.
Boninsegna trabaja muchísimo alrededor del área.
Domenghini ofrece recorrido por fuera.
Y tanto Mazzola como Rivera —dependiendo nuevamente de cómo gestione Valcareggi su peculiar alternancia entre ambos— tienen capacidad para encontrar el último pase.
La paciencia será, probablemente, el primer gran examen brasileño.
🎨 Pelé ya no necesita demostrar que es el mejor, pero quiere completar otra obra
Pelé llega a su tercera gran cita mundialista en unas condiciones muy diferentes a las de Suecia 1958 o Chile 1962. Ya no es aquel adolescente extraordinario que sorprendió al planeta ni el joven campeón lesionado prematuramente cuatro años después. Ahora, con 29 años, ejerce como cerebro ofensivo y referencia de una generación que quizá tenga todavía más recursos técnicos que las anteriores.
Ha marcado tres goles antes de la final, pero sus números no reflejan toda su influencia.
Pelé baja a organizar.
Retiene.
Asiste.
Arrastra defensores.
Y entiende perfectamente dónde aparecerá el espacio antes de que éste exista.
Italia seguramente intentará convertir cada recepción suya en un contacto físico. Burgnich posee experiencia suficiente para competir en esa batalla, aunque necesitará ayudas constantes.
Porque Pelé no requiere dominar el partido para decidirlo.
Un salto.
Un pase.
Una maniobra.
Puede ser suficiente.
🌪️ Jairzinho lleva cinco partidos consecutivos marcando
Pero si existe un jugador cuya regularidad goleadora está definiendo el ataque brasileño, ése es Jairzinho.
Ha marcado en todos los partidos disputados por Brasil.
Dos veces frente a Checoslovaquia.
Contra Inglaterra.
Contra Rumanía.
Ante Perú.
Y nuevamente frente a Uruguay.
Seis goles antes de la final.
Su potencia desde la derecha está causando enormes problemas porque no actúa como un extremo tradicional limitado a buscar la línea de fondo. Jairzinho conduce hacia dentro, ataca directamente a los centrales y aparece en posiciones de remate.
Facchetti deberá medir cuidadosamente sus incorporaciones.
El capitán italiano constituye una de las grandes armas ofensivas desde el lateral izquierdo, pero cada subida puede liberar exactamente el espacio que Jairzinho desea atacar.
Será uno de los duelos decisivos.
Y quizá el que determine cuánto puede atreverse Italia.
⭐ NOMBRES PROPIOS | Riva quiere castigar a Brasil; Rivera espera su momento
Italia llega a la final con Gigi Riva como máximo goleador del equipo, con tres tantos. El delantero ha marcado dos contra México y otro durante la prórroga frente a Alemania Federal, y su potencia representa la principal amenaza para una defensa brasileña que ha concedido seis goles durante el campeonato.
Riva necesita pocos espacios.
Es zurdo.
Tiene disparo.
Puede ganar metros mediante fuerza.
Y sabe aprovechar cualquier error defensivo.
Wilson Piazza y Brito deberán evitar que reciba orientado hacia Félix.
También aparece Roberto Boninsegna, goleador en la semifinal contra Alemania y delantero capaz de trabajar lejos del área, aguantar el balón y permitir que Italia avance cuando está sometida a presión.
Pero el gran debate italiano vuelve a girar alrededor de Sandro Mazzola y Gianni Rivera.
Valcareggi ha utilizado durante el Mundial la famosa staffetta: uno comienza y el otro entra durante la segunda mitad. Mazzola proporciona mayor trabajo, movilidad y capacidad para participar en la presión; Rivera, vigente Balón de Oro, ofrece pausa, creatividad y una capacidad extraordinaria para encontrar soluciones cuando el partido comienza a abrirse.
Frente a Alemania, Rivera entró después del descanso y terminó marcando el gol decisivo.
La pregunta vuelve a aparecer antes de la final.
¿Puede Italia permitirse reservar durante media noche a uno de sus futbolistas técnicamente más brillantes frente a Brasil?
🧠 Gérson y Clodoaldo, los hombres que permiten que todos los demás vuelen
Brasil presenta tantos nombres ofensivos que resulta sencillo olvidar a quienes sostienen el sistema.
Gérson dirige desde el centro del campo con una zurda magnífica y una comprensión extraordinaria del ritmo. No necesita correr más que nadie porque suele saber dónde estará el balón antes de recibirlo. Puede jugar corto, encontrar a Pelé entre líneas o desplazar la posesión hacia Jairzinho mediante pases largos.
A su lado aparece Clodoaldo, encargado de proporcionar equilibrio y proteger los movimientos de los futbolistas más creativos.
Su trabajo será especialmente importante cuando Carlos Alberto y Everaldo avancen.
Italia intentará atacar precisamente las pérdidas brasileñas. Si Gérson y Clodoaldo consiguen detener esas transiciones, el partido puede permanecer instalado durante demasiado tiempo alrededor de Albertosi.
Brasil tiene cinco grandes nombres ofensivos.
Pero su fútbol funciona porque también posee una base que sabe cuándo no atacar.
🥵 Italia contra el reloj físico
Existe un factor imposible de ignorar.
Italia viene de disputar 120 minutos ante Alemania Federal, con una prórroga de intensidad extraordinaria y cinco goles concentrados durante esa media hora adicional.
Brasil resolvió su semifinal ante Uruguay dentro de los 90 minutos.
Ambos partidos se disputaron el mismo 17 de junio, por lo que el descanso cronológico es idéntico, pero el desgaste no.
Además, la final comenzará al mediodía en la altitud de Ciudad de México.
Valcareggi necesita administrar esfuerzos.
Si Italia convierte el partido en una persecución constante detrás de la pelota, los últimos veinte o treinta minutos pueden resultar extremadamente duros. La Azzurra deberá elegir cuándo presionar y cuándo replegar.
Brasil querrá exactamente lo contrario.
Mover.
Cambiar de orientación.
Obligar a correr.
Convertir el cansancio italiano en espacios.
Puede que el partido no se decida durante la primera hora.
Pero la primera hora puede decidir cómo llegan ambos a la última media.
📌 LADILLO | Una final que entrega para siempre la Jules Rimet
Ningún dato resume mejor la magnitud del partido.
Brasil ganó el Mundial en 1958 y 1962.
Italia lo hizo en 1934 y 1938.
Ambas llegan con dos campeonatos.
Las reglas establecen que el primer país capaz de conquistar la Copa del Mundo tres veces podrá conservar definitivamente el trofeo Jules Rimet.
Por tanto, la Copa que levante el campeón en el Azteca no volverá a ponerse en juego.
Existe además un único precedente mundialista entre ambos países.
Fue en la semifinal de Francia 1938.
Italia derrotó 2-1 a Brasil y posteriormente se proclamó campeona del mundo. Treinta y dos años después, la Seleção tiene la oportunidad de responder en un escenario incluso mayor.
Aquella Italia terminó levantando su segundo Mundial.
Este Brasil busca precisamente impedir que los italianos lleguen al tercero antes que ellos.
🏆 Pelé puede entrar en un territorio donde nadie ha estado
La final contiene además una posibilidad individual extraordinaria.
Pelé formó parte del Brasil campeón de 1958.
También estuvo en la selección campeona de 1962.
Si Brasil vuelve a ganar, el número 10 habrá pertenecido a tres selecciones campeonas del mundo, un registro jamás alcanzado por ningún futbolista.
Pero su historia no es la única.
Mario Zagallo también puede completar una transformación extraordinaria. Fue campeón como jugador en 1958 y 1962 y ahora dirige desde el banquillo a la selección que persigue el tercer título.
Enfrente, Giacinto Facchetti representa a una generación italiana que ya conquistó la Eurocopa de 1968 y que ahora puede unir Europa y el mundo en apenas dos años.
Italia volvió a ganar un gran título después de décadas de espera.
Ahora se encuentra a un partido de recuperar también la Copa del Mundo por primera vez desde 1938.
🔮 PRONÓSTICO RESERVADO | Brasil quiere fútbol; Italia necesita convertir la final en una partida de paciencia
Sobre el papel, Brasil parece llegar en mejores condiciones. Ha ganado todos los partidos, posee más variantes ofensivas, ha tenido una semifinal considerablemente menos agotadora y presenta futbolistas capaces de marcar desde casi cualquier posición.
Pero las finales rara vez se disputan sobre el papel.
Italia no necesita ser más brillante que Brasil durante noventa minutos.
Necesita mantener el partido dentro de un margen manejable.
Si la Azzurra consigue impedir que Brasil marque pronto, puede aumentar la ansiedad de una Seleção acostumbrada durante todo el campeonato a encontrar espacios y goles. Cada minuto de igualdad permitirá que Riva y Boninsegna continúen esperando una transición, una falta o un error.
Brasil buscará romper ese equilibrio mediante movimiento.
Pelé abandonará posiciones.
Tostão atraerá centrales.
Jairzinho atacará el lado izquierdo italiano.
Rivellino buscará su poderosa zurda.
Gérson intentará mover a la defensa de lado a lado.
Italia necesita que cada uno encuentre un defensor.
Pero, sobre todo, necesita conseguir que esos defensores continúen teniendo piernas después de una semifinal de 120 minutos.
El primer gol puede transformar por completo la tarde.
Si Brasil se adelanta, Italia tendrá que abandonar progresivamente el territorio donde más cómoda se siente y asumir riesgos ante el ataque más poderoso del campeonato. Si los italianos golpean primero, el partido puede entrar en el laberinto táctico que más conviene a Valcareggi.
No parece una final destinada a pasar inadvertida.
Hay demasiado talento.
Demasiada historia.
Y demasiado en juego.
Brasil llega con Pelé, Jairzinho, Tostão, Rivellino y Gérson dispuesto a coronar una generación que ha ganado todo en México. Italia aparece después de sobrevivir al “Partido del Siglo”, con Riva preparado para castigar cualquier concesión y Rivera esperando otra oportunidad para cambiar una eliminatoria. Dos bicampeones entran en el Azteca. Solo uno saldrá tricampeón. Y cuando abandone el estadio, la Copa Jules Rimet se marchará con él para siempre.
