🇦🇷 ARGENTINA–PAÍSES BAJOS: EL MONUMENTAL DECIDE ENTRE EL SUEÑO DE TODO UN PAÍS Y LA REVANCHA DEL FÚTBOL TOTAL
La Albiceleste busca conquistar su primera Copa del Mundo ante su público frente a una Oranje que vuelve a la final cuatro años después; Kempes llega desatado, Rensenbrink pelea por ser máximo goleador y Buenos Aires se prepara para una tarde destinada a entrar en la historia.
Buenos Aires contiene la respiración. Argentina y Países Bajos disputan este domingo 25 de junio la gran final del Mundial de 1978 en el Estadio Monumental, un partido que enfrenta a la selección anfitriona, todavía sin una Copa del Mundo en sus vitrinas, con una Oranje que regresa al último encuentro cuatro años después de la dolorosa derrota sufrida frente a Alemania Federal en Múnich.
Es una final construida alrededor de dos ambiciones muy diferentes. Argentina lleva casi medio siglo esperando una oportunidad semejante desde aquella derrota frente a Uruguay en la primera final mundialista de 1930. Países Bajos, en cambio, todavía siente cercana la herida de 1974, cuando el equipo de Johan Cruyff maravilló al planeta y llegó a ponerse por delante en el partido decisivo antes de terminar perdiendo el título. Ahora Cruyff ya no está, pero buena parte de aquella generación vuelve a encontrarse a 90 minutos de la gloria.
El escenario añade todavía más presión. Argentina juega en casa, frente a un Monumental preparado para convertirse en una caldera, después de superar una segunda fase extraordinaria en Rosario. Países Bajos llega después de derrotar a Italia en el mismo estadio donde se disputará la final y con la confianza de una selección que ha recuperado su mejor versión justo cuando el torneo comenzaba a exigirla.
Sobre el césped aparecerán Mario Kempes, Daniel Passarella, Ubaldo Fillol, Osvaldo Ardiles, Rob Rensenbrink, Johan Neeskens, Ruud Krol, Arie Haan y Johnny Rep. Dos escuelas futbolísticas diferentes y una misma obsesión: levantar por primera vez la Copa del Mundo.
📰 CONTEXTO ACTUAL | Argentina ha pasado de la duda a la euforia
El campeonato argentino ha atravesado varias etapas. La Albiceleste comenzó derrotando 2-1 a Hungría y repitió el mismo marcador frente a Francia, resultados que aseguraron la clasificación pero no terminaron de despejar todas las dudas alrededor del equipo de César Luis Menotti. La derrota por 0-1 frente a Italia en la última jornada de la primera fase obligó además a Argentina a terminar segunda de su grupo y trasladarse a Rosario para afrontar una segunda ronda extremadamente exigente.
Allí empezó otro Mundial.
Polonia fue derrotada por 2-0, con los dos primeros goles de Mario Kempes en la competición y una extraordinaria actuación de Ubaldo Fillol, que incluso detuvo un penalti a Kazimierz Deyna. Después llegó Brasil. El gran clásico sudamericano terminó 0-0 y dejó todo pendiente de la última jornada.
Brasil derrotó 3-1 a Polonia y obligó a Argentina a ganar a Perú por una diferencia de al menos cuatro goles para superar a la Seleção por diferencia de tantos. La presión era gigantesca.
Argentina respondió con un 6-0.
Kempes marcó dos veces, Leopoldo Luque añadió otras dos dianas y Tarantini y Houseman completaron una goleada que envió a la selección anfitriona directamente hacia Buenos Aires y hacia la final. Argentina llega así con 12 goles marcados y apenas tres recibidos durante sus seis encuentros anteriores.
El cambio individual más evidente ha sido el de Kempes. El delantero había atravesado toda la primera fase sin marcar, después de acumular una larga sequía mundialista entre 1974 y 1978. Desde que comenzó la segunda ronda ha conseguido cuatro goles en tres partidos y se ha transformado en el hombre más peligroso de la Albiceleste.
La sensación es evidente: Argentina llega a la final en el mejor momento de su campeonato.
🇳🇱 Países Bajos ha vuelto a levantarse sin Cruyff
El recorrido neerlandés ha sido bastante más irregular. La ausencia de Johan Cruyff, gran capitán y símbolo del equipo de 1974, parecía destinada a debilitar seriamente a una selección que había cambiado de entrenador y que ahora está dirigida por Ernst Happel.
La primera fase confirmó algunas de esas dudas. Países Bajos comenzó goleando 3-0 a Irán, con un triplete de Rob Rensenbrink, pero posteriormente empató 0-0 contra Perú y perdió 3-2 frente a Escocia. La derrota no impidió la clasificación, aunque dejó claro que la Oranje ya no era aquella máquina prácticamente imparable que había dominado Alemania 1974.
Todo cambió durante la segunda fase.
Austria recibió un contundente 5-1. Alemania Federal obligó después a los neerlandeses a remontar dos veces para conseguir un 2-2 y llegar con opciones a la última jornada. Allí esperaba Italia, que se adelantó mediante un autogol de Ernie Brandts y parecía encaminada hacia la final.
Pero Brandts se redimió mediante un espectacular disparo desde fuera del área y Arie Haan consiguió posteriormente el 2-1 con otro cañonazo desde enorme distancia. Países Bajos volvía a una final mundialista cuatro años después.
La Oranje llega con 14 goles marcados, dos más que Argentina, aunque también ha recibido siete, bastante más que los tres encajados por Fillol. Su capacidad ofensiva parece mayor; su vulnerabilidad defensiva también.
♟️ EL DUELO TÁCTICO | El equilibrio de Menotti contra una Oranje que sigue pensando hacia delante
Reducir esta final a una batalla entre Argentina defensiva y Países Bajos ofensiva sería demasiado simple. Menotti ha construido una selección que pretende jugar con la pelota, pero que ha aprendido también a competir sin ella. La presencia de Américo Gallego proporciona equilibrio en el centro, Osvaldo Ardiles aporta movilidad y Kempes dispone de mucha libertad para abandonar posiciones adelantadas y aparecer desde zonas intermedias.
Ahí puede encontrarse uno de los principales problemas para Países Bajos.
Kempes no funciona como un delantero centro tradicional. Puede comenzar lejos del área, conducir y aparecer posteriormente en zona de remate. Ruud Krol deberá decidir constantemente si abandonar su espacio para seguirlo o mantener la estructura y permitir que el argentino reciba.
Por delante, Leopoldo Luque proporciona profundidad y trabajo. Sus cuatro goles durante el campeonato demuestran que la amenaza argentina no termina en Kempes.
Países Bajos conserva muchos conceptos del fútbol total aunque Cruyff ya no esté. Sus jugadores intercambian posiciones, los laterales avanzan, Neeskens puede aparecer desde segunda línea y Arie Haan posee suficiente calidad para iniciar el juego desde posiciones retrasadas o amenazar mediante sus poderosos remates lejanos.
Rensenbrink representa probablemente la gran preocupación argentina. Se mueve desde izquierda, aparece por dentro y llega a la final con cinco goles, uno más que Kempes y Luque. Nadie ha marcado más que él dentro de las dos selecciones antes del último partido.
Argentina necesita evitar que Países Bajos consiga instalarse demasiado cerca del área. Haan ya ha demostrado contra Alemania Federal e Italia que puede marcar prácticamente desde cualquier distancia. Fillol tendrá que permanecer atento incluso cuando la defensa parezca perfectamente colocada.
La otra batalla estará en las bandas. Alberto Tarantini y Jorge Olguín deberán medir mucho sus incorporaciones porque René y Willy van de Kerkhof, Rensenbrink y Rep pueden transformar una recuperación en un ataque veloz.
⭐ NOMBRES PROPIOS | Kempes ha despertado cuando Argentina más lo necesitaba
Si existe un futbolista argentino que llega lanzado a la final, ése es Mario Alberto Kempes. El delantero del Valencia necesitó varios partidos para encontrar el gol, pero su explosión ha coincidido exactamente con el momento decisivo del Mundial.
Dos tantos contra Polonia.
Otros dos frente a Perú.
Cuatro en la segunda fase.
Menotti le ha concedido libertad para comenzar desde posiciones retrasadas y aprovechar su potencia para atacar de frente. Esa característica puede resultar especialmente peligrosa contra una defensa neerlandesa acostumbrada a adelantar metros.
Junto a él aparece Daniel Passarella, capitán argentino con solamente 25 años y líder de una defensa que ha encontrado enorme seguridad durante la segunda fase. Argentina lleva tres partidos consecutivos sin recibir un gol, una racha en la que Fillol también ha tenido una importancia enorme.
El guardameta llega a la final después de mantener su portería intacta frente a Polonia, Brasil y Perú. Frente a Países Bajos se encontrará con un volumen ofensivo muy superior al de los últimos rivales.
En la Oranje, el principal nombre es Rob Rensenbrink. El atacante del Anderlecht ha marcado cinco goles durante el torneo, incluidos tres frente a Irán, y llega como uno de los candidatos a terminar como máximo goleador del campeonato.
También merece una atención especial Johan Neeskens, superviviente de la final de 1974 y centrocampista capaz de aparecer en cualquier zona. Su presión, llegada y personalidad resultan esenciales para compensar la ausencia de Cruyff.
Y después aparece Haan, convertido en una amenaza desde distancias aparentemente imposibles.
🚑 Piet Schrijvers, la baja que cambia la portería neerlandesa
Países Bajos afronta además una ausencia importante. Piet Schrijvers se lesionó durante el encuentro decisivo contra Italia, después de chocar con su compañero Ernie Brandts en la acción que terminó generando el gol italiano. No pudo continuar y fue sustituido por Jan Jongbloed.
Todo apunta, por tanto, a que Jongbloed regresará a la portería en la final.
No será un escenario desconocido. Ya fue el guardameta titular de Países Bajos durante el Mundial de 1974 y disputó aquella final contra Alemania Federal. Cuatro años después vuelve a encontrarse ante la posibilidad de jugar otro partido por el título.
La experiencia está garantizada.
Pero reemplazar a un portero en el momento definitivo nunca resulta irrelevante.
Argentina, por su parte, llega con sus principales piezas disponibles y con una estructura mucho más consolidada después de tres partidos consecutivos utilizando el núcleo que ha llevado al equipo desde Rosario hasta Buenos Aires.
📌 LADILLO | Países Bajos ha marcado ocho goles a Argentina en sus dos únicos enfrentamientos
Existe un dato que añade una enorme dosis de picante a la final.
Argentina jamás ha derrotado a Países Bajos.
De hecho, antes del encuentro del Monumental solamente se han enfrentado dos veces y ambas terminaron con goleadas neerlandesas.
La primera ocurrió en mayo de 1974, durante un amistoso en Ámsterdam. Países Bajos ganó 4-1.
Un mes después volvieron a encontrarse, esta vez dentro del Mundial de Alemania Federal. El resultado fue todavía más contundente: Países Bajos 4-0 Argentina, con dos goles de Johan Cruyff y tantos de Ruud Krol y Johnny Rep.
Ocho goles neerlandeses.
Uno argentino.
Dos partidos.
Dos derrotas.
Cuatro años después, muchas cosas han cambiado. Cruyff ya no está. Menotti ha construido una selección diferente y Argentina juega en casa.
Pero algunos supervivientes recuerdan perfectamente aquella noche.
Kempes participó.
Rep también.
Krol también.
La final ofrece a Argentina la oportunidad de borrar un antecedente extremadamente doloroso justo en el momento más importante posible.
🏆 Argentina quiere la primera; Países Bajos quiere evitar otra herida
Para Argentina, el significado histórico es inmenso. La Albiceleste disputó la primera final mundialista de la historia en Uruguay 1930, pero perdió 4-2 frente al anfitrión. Desde entonces no había conseguido regresar al partido definitivo.
Cuarenta y ocho años después vuelve a estar aquí.
Y esta vez juega en Buenos Aires.
Países Bajos vive una historia diferente. Su gran generación alcanzó la final de 1974 después de transformar la forma de entender el fútbol mediante presión, intercambio de posiciones y una movilidad prácticamente revolucionaria.
Pero Alemania Federal terminó levantando la Copa.
Ahora dispone de una segunda oportunidad consecutiva.
Pocos países han conseguido llegar a dos finales seguidas. Perder ambas convertiría a esta extraordinaria generación neerlandesa en una de las grandes paradojas de la historia: un equipo capaz de modificar el fútbol sin llegar a conquistar su mayor trofeo.
Happel y sus futbolistas quieren evitarlo.
🌪️ La ausencia de Cruyff no ha terminado con la Oranje
Existe además una cuestión inevitable cuando se analiza a Países Bajos.
Johan Cruyff no está en Argentina.
El gran símbolo de la selección de 1974 había anunciado con anterioridad que no disputaría este Mundial y puso fin a su trayectoria internacional antes del torneo. La Oranje perdió así al futbolista alrededor del que había construido su anterior candidatura.
Sin embargo, llegar nuevamente a la final demuestra que el modelo no dependía exclusivamente de un individuo.
Krol asumió el liderazgo.
Rensenbrink aumentó su responsabilidad ofensiva.
Haan ha aportado goles extraordinarios.
Neeskens continúa siendo fundamental.
Los hermanos Van de Kerkhof proporcionan energía y profundidad.
Países Bajos no es exactamente la selección de 1974.
Pero tampoco ha dejado de ser reconocible.
Y quizá precisamente por eso esta segunda final posea tanto valor.
🔮 PRONÓSTICO RESERVADO | El Monumental puede convertir la final en una batalla emocional
Resulta difícil imaginar un partido tranquilo. Argentina jugará empujada por decenas de miles de aficionados y con una presión gigantesca por conquistar su primera Copa en casa. Esa energía puede convertirse en una ventaja durante los primeros minutos, pero también en un problema si el gol no llega y el encuentro comienza a alargarse.
Países Bajos tiene más experiencia reciente en este escenario. Muchos de sus jugadores ya disputaron una final hace cuatro años y saben que una Copa del Mundo difícilmente se decide únicamente mediante buen fútbol.
La Oranje intentará enfriar el ambiente mediante posesiones largas y utilizar la movilidad para sacar a Argentina de su estructura. Haan puede dirigir desde atrás, Neeskens aparecer alrededor del área y Rensenbrink buscar continuamente el espacio que exista a la espalda de los laterales.
Argentina necesita imponer otra clase de partido.
Más físico.
Más emocional.
Con Gallego cerrando espacios, Ardiles proporcionando circulación y Kempes recibiendo en zonas donde pueda atacar de frente.
El primer gol tendrá un peso enorme. Si Argentina se adelanta, el Monumental puede convertirse en un escenario todavía más intimidante y Países Bajos tendrá que asumir riesgos. Si la Oranje marca primero, la selección de Menotti deberá convivir con una presión que ningún futbolista argentino ha experimentado anteriormente.
No parece una final destinada a los pequeños detalles.
Parece una final destinada a que cada detalle sea enorme.
Una pérdida.
Un disparo lejano de Haan.
Una aparición de Kempes.
Una parada de Fillol.
Una diagonal de Rensenbrink.
Puede bastar cualquiera de ellas.
Argentina llega impulsada por un país entero y por la explosión goleadora de Mario Kempes. Países Bajos regresa al escenario que se le escapó cuatro años atrás y quiere demostrar que su revolución futbolística también puede terminar levantando una Copa. Uno busca la primera estrella de su historia. El otro intenta evitar una segunda final perdida consecutivamente. Buenos Aires ya no espera simplemente un partido: espera una noche que quedará grabada para siempre.